Era lunes por la mañana y después de ir a la estación y
comprar los boletos, regresamos a casa con toda la intensión de preparar todo
para el viaje, antes de partir quedamos de vernos con Cynthia en una cafetería.
Cuando la chica se enteró de nuestra partida, su voz que
helada y pude notar que estaba algo resentida, tal vez no con nosotras pero si con la ida que tendríamos.
-No me dijeron que se irían, tal vez si lo hubieran hecho yo
también…
-Perdónanos- dije- Yo
realmente no sabía que me dejarían ir, estaba en incógnita.
-Tranquila Cynthia, tal vez tú puedas ir después- Mariel
tomo la mano de la chica quien nos regaló la primera sonrisa desde que
estábamos sentadas en aquel lugar.
-Por favor, apenas lleguen denle esto a John.- nos entregó
una carta.- sé que llegara más rápido de sus manos que del correo.
-Seguro y de nuevo lamento todo esto.
-No importa, Mariel tiene razón, puede que yo más tarde
pueda ir. ¿Cuándo salen?
- En un par de horas, por cierto, tengo que ir a con la Sra.
Best, me pidió de favor que le entregara algo a su hijo-dije con una sonrisa.
-Bueno chicas, cuídense mucho, será mejor que se vayan y
hagan todo para que…. el viaje salga bien.
Ambas asentimos y le dimos un abrazo a la chica, Cynthia
estaba al borde de las lágrimas.
Sin esperar tanto, me dirigí hasta el Casbah Coffe, donde ya
la Sra. Best me estaba esperando con sus encargos, junto a ellos, me dio un par
de instrucciones y también pidió que me cuidara mucho de aquel lugar lleno de
lujuria y perdición. No entendí nada.
A pocos minutos de llegar a la estación de tren, sentí un
hueco infinito en el estómago, mire a mi padre quien conducía tranquilamente
por las calles semi concurridas y también, divise a Mariel por el retrovisor,
la chica estaba igual o peor que en cuestión de nervios.
-Prometan que se portaran bien.- Papá me entrego la última
maleta, no llevaba más de una pero, siendo esa la única era demasiado pesada.
-Así será Sr. Gray-dijo Mariel con una sonrisa- Y gracias
por calmar un poco a mi madre, a veces es demasiado histérica.
-Y la entiendo- dijo mi padre riendo- Yo tampoco estoy muy
convencido de si este bien que vayan ustedes solas, pero supongo que ya las
estarán esperando allá sus amigos ¿Verdad?-ambas asentimos- Apenas lleguen me
hablas Brittany…
-Por supuesto Papá-me acerque a él y bese su mejilla, el
anuncio de abordar había llegado y era
tiempo de subir al tren- Por favor, dile a mamá que la quiero y que no pasara
nada- Tome a Mariel y caminamos directo
hasta el tren.
Fue ahí donde me despedí de mi padre con un ligero saludo y
justo, el tren se echó en marcha.
Puedo decir que en general estaba contenta, entusiasmada,
si, entusiasmada de volverlos a ver, de volverlo a ver…
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Hamburgo, Alemania.
El viaje había sido un tanto pesado pero aproveche un poco
del tiempo aquel para poder dormir, no sabía
exactamente cuánto tardaríamos en llegar a la dichosa ciudad del pecado.
El tren hizo varias paradas antes de llegar a Hamburgo y fue
justo cuando se anunció el nombre de la ciudad
que Mariel y yo miramos por la ventanilla del tren, estábamos curiosas y
expectantes.
-¿Dónde se supone que iremos?-pregunto Mariel mientras daba
una miradita a la estación de trenes de
Hamburgo.
-A la dirección que está aquí-le mostré a Mariel una de las
primeras cartas de Stuart.
-Perdona pero ¿Tú crees que ellos hablen nuestro idioma?
-Pues si no lo hacen, nos haremos entender, anda vamos y no
me pongas nerviosa.
Sonreí y ella fue mi cómplice
en ello, debo decir que no fue tarea fácil, primero que nada, encontrar un taxi
libre y segundo, hacerle entender al
hombre del auto lo que realmente queríamos era que nos llevara
a la dirección aquella y no unas míseras monedas de su país.
-Gracias- dije antes de bajar con algo de dificultad mi
maleta y ver a aquel hombre que me hacia
una seña que entendí como un “de nada”.
-¿Crees que ellos estén trabajando?-pregunto Mariel.
- No lo sé- mire mi reloj de pulso- Probablemente lo estén.
-¿Y qué haremos si ellos no están?
-Supongo que tendremos que esperarlos, Mariel. ¡Dios! ¿Qué es este lugar? –dije analizando
mejor el lugar, no era un bonito lugar que digamos.
-No lo sé, eso mismo me pregunto yo.
Nos quedamos quietas e inmóviles a la vez que observábamos a
nuestro alrededor. Había un poco de gente rodando por ahí y alguna que otra, no
estaba en buen estado.
Gracias a la
comidilla que teníamos al estar viendo por ahí, encontramos caminando
vagamente a un chico que conocíamos ¡Por fin alguien conocido!
-¡Pete!-Gritamos ambas causando el asombro del chico quien parecía
un tanto asombrado.
-¡¿Brit?! ¡¿Mariel?!- el chico se froto los ojos- ¿Qué hacen
ustedes aquí?
-Es una larga historia Pete…
-De hecho, venimos a visitarlos ¿Dónde están los demás? ¿Y
George?-pregunto Mariel mirando de nuevo calle arriba pero sin éxito.
-Bueno, George esta junto al resto… ellos están en el pub
trabajando, supongo.
-¿Supones? ¿No deberías estar con ellos?-pregunte algo sarcástica.
-Me he dada un descanso, no he dormido bien y preferí dar
una vuelta por aquí.-Nos quedamos unos minutos en silencio, el chico nos miraba
extrañado y hasta con una media sonrisa y nosotras, pues, estábamos algo
nerviosas.
-Bien… sería mucho pedir si… tu sabes, nos llevas a donde
ustedes se están quedando-dije tratando de ser lo más suave posible.
-¿De verdad quieren ir?-ambas nos miramos y asentimos- NO creo que sea un lugar tan adecuado para
ustedes chicas.
-¿Por qué? –Pregunto Mariel- No creo que sea peor que este
lugar, por cierto ¿Dónde estamos?
-En la zona mi peligrosa de Hamburgo.- dijo Pete algo serio
y seguramente no debía ser broma- Sera mejor que nos vayamos.
Pete me tomo del brazo y Mariel del mío, juntos caminamos no
mucho, unos cuantos metros antes de parar a un lugar igual o hasta peor, de
desagradable que aquel otro lugar lleno de Pubs y de gente que nos observaba
raramente.
-Bienvenidas-dijo algo sarcástico antes de abrir completamente
la puerta y yo, si yo, quería llorar.
-¿Aquí es donde viven?-señale el lugar y el evidente
diminuto lugar.
-Efectivamente, tranquilas, con el tiempo uno se acostumbra
a estas cosas.
-Seguro, es como algo de supervivencia... ¿Solo duermen en
esas camas?-Mariel se quedó boquiabierta.
-Nos turnamos, cuatro
dormimos ahí-señalo una litera- y uno aquí.
-Ya veo, estos son los sacrificios de la fama según Lennon-mire
a Mariel y ella estaba a una impresionada por el hecho de estar en un lugar tan
terrible como ese en el que estábamos.
-Supongo- Pete se encogió de hombros.- Además, casi nunca
estamos aquí o estamos en el pub o en la calle o alguna otra actividad.
-Los entiendo, yo tampoco pasaría mi tiempo en este lugar.
-Bueno, yo me tengo que ir-dijo Pete mientras
se miraba en un pedazo de espejo, a la vez que acomodaba su cabello-
Pueden dejar sus maletas por ahí, si así lo quieren.
-¿Saldrás?-el chico asintió- ¿Y que se supone que haremos
nosotras?
-Pues… pueden esperar a que los chicos lleguen.
-No, definitivamente no. Tengo hambre y este lugar no ha hecho más que empeorar mi
nerviosismo y mis ansias de comer...- comente.
-¿Quieren que las lleve a un restaurante?
-SI nos haces el favor, Pete. Mariel y yo no podríamos salir
solas….
-Y tampoco es recomendable, la gente es recelosa con la
gente desconocida y más para quien tiene
finta de críos.-rio- NO se ofendan, pero les digo que no debían salir solas.
-Entonces, vamos-dijo Mariel cogiendo un pequeño bolso, de
hecho era el bolso que tenía todos nuestros ahorros.
Comenzamos a caminar en dirección al oeste y sentí el frio
de Hamburgo en mi piel pero, afortunadamente no tardamos demasiado en encontrar
una cafetería cercas.
-Aquí sirven un café delicioso, vengan- Pete nos abrió la
puerta y Mariel y yo entramos. Vaya que era mucho más cálido y agradable que el clima natural.
-¿Qué tipo de comida servirán? No será extraña
¿Verdad?-Mariel pregunto preocupada.
-Claro que no-rio Pete- Pidan lo que sea, es realmente bueno
el lugar.
-¿Tu no quieres algo?-pregunte.
-No, de hecho… tengo que irme-dijo algo apenado.
-¡¿Cómo?! ¡¿Nos dejaras solas?!
-Tranquila Mariel ¿De verdad tienes que irte?
-Sí, pero… no tengan cuidado, como vieron, no queda muy
lejos el lugar donde estamos y…
-Eres un insensible-le grito Mariel a Pete- Mejor nos hubiéremos
quedado allá.
-¡Ya basta!... ve a lo que te parezca mejor… trataremos de regresar como
podamos.
-¿Estas segura Brit?
-Si-dije ahora no tan convencida como al principio- Venimos aquí
a divertirnos y eso haremos. Muchas gracias Pete.-tome el hombro del chico.
-Si quieren, puedo venir por ustedes más tarde y…
-Ya vete-le espeto Mariel algo molesta- Sera mejor que nos
sentemos y pidamos algo- Pete entendió que lo mejor era irse y así lo hizo.
Mariel y yo escogimos una mese cercas de la ventas de la cafetería,
para ver algo de lo mucho que pasaba en las calles del lugar mientras comíamos algo.
-Bienvenidas ¿Desean ordenar?-pregunto una joven, su acento
era en un perfecto inglés que no podíamos creerlo.
-Mira Brit, por fin alguien que hable lo mismo que nosotros
y no esa cosa que no entiendo- reí ante la ocurrencia de la chica.
-Claro que si- trate de sonreí- podría traernos un par de…
pastas y zumo de naranja…
-Y un pastel de chocolate, para mí.
-Que sean dos, por favor.
-¿Seria todo?- asentí- Enseguida se los traigo.
La chica desapareció y Mariel y yo nos quedamos mirando, no
era necesario que dijéramos lo que pensábamos, sabía que estábamos en sintonía.
-¡Es horrible! Lo más horrible
que he visto en mi vida, Brittany-dijo Mariel poniendo sus manos en su cara.
-Dímelo a mí, no creí que la cosa
fuera tan mala. Si hubiera sabido que esto estaba si de mal, no hubiera venido-
Cruce mis manos algo irritada, lo estaba. ¿Cómo era posible que estuviera yo ahí?
-No exageres Brit, si es feo pero...
-Pero nada, de hecho, ahora que
lo pienso ¿Dónde se supone que dormiremos? Tendremos que buscar algo, una
especie de hotel o…
-Calma Brit… No se tu pero, yo no
tengo mucho dinero.
-¡Mierda!- deje caer mi cabeza en
la mesa.
-Disculpen, aquí está su orden.
-Muchas gracias-dije algo apenada
por mi acción un tanto infantil.
-Por nada, veo que no son de por aquí
cercas.-dijo la mesera algo sonriente.
-Ni tu tampoco.- dijo Mariel algo
risueña- Tu acento te delata.
- Mis padres son estadunidenses y hace
unos 10 años nos mudamos aquí. Así que prácticamente soy de aquí.
-Interesante, mi amiga y yo somos
de Liverpool, Inglaterra.
-Vaya, veo que muchos vienen de allá
últimamente. Que interesante. Pero bueno, espero disfruten su estancia en esta
ciudad.
-Muchas gracias- dije algo
desconfiada.
-Regreso cuanto estén listas-
aquella chica me miro tímidamente antes de irse.
Mariel me miro algo rara pero al poco rato se le paso, seguimos
comiendo conversando de lo que era el
tema hasta que finalmente terminamos, pedimos la cuenta y aquella chica
nos brindó una sonrisa sincera y además,
parecía simpática.
Le entregue el dinero y la
sonrisa que le correspondí se me borro
al saber que teníamos que regresar a aquel detestable lugar.
-Es hora-dijo Mariel.
-Sí, eso creo.-gire a verla,
ambas tratamos de poner nuestras mejores caras-
De regreso al lugar donde vivían
los chicos, pensamos en la posibilidad de regresarnos a Liverpool, pero luego
la desechamos.
Estábamos ahí y teníamos que
divertirnos o al menos hacer el intento. Aun
así, no dejaba pensar en los pobres chicos, que cosa tan desagradable debería
ser para ellos todo eso, para mí ya lo era.
Ahora entendía por qué era el
lugar, no del pecado, si no de perdición.
¡¡ ¿A dónde viniste a parar
Brittany, Brittany Gray?!!
Ohh, gracias a vos por notarme, ajajajajajjaj, aún me tengo que poner al día con el fic, así que ahí vamos. Cuando termine este, me pongo a leer los demás ♥ Ahora, un beso, cuídate mucho :*
ResponderBorrarGenial se elimino mi comentario anterior ;-;
ResponderBorrarAhora que están en Hamburgo aprovecharan que están solos y 1313 todos *O* okno :'c