Las preinscripciones para el examen y entrevista ante la
universidad estaban lo bastante próximas, casi podría decir que eran a la
vuelta de la esquina.
Era por ello que, apresuradamente me encamine a la estación
de trenes para conseguir los boletos
para mi próxima partida.
¿A que me refería?
Bueno, a simplemente que mis planes no eran estar en
Liverpool no para esa época. Fue por eso
que, con mérito y mucho esfuerzo, convencí a mis padres de que lo mejor era
partir de esa gran ciudad y mudarme a mi natal Londres.
Afortunadamente pude hacerlo y eso fue a la colaboración de
Mariel, quien por cierto también vendría a estudiar a Londres junto conmigo.
Admito que no fue tarea fácil convencer tanto a mis padres
como a la madre de Mariel pero supongo que ellos mismos sabían que mejores
oportunidades se nos presentarían al estar en
un lugar más sofisticado, más libre, más modernizado que lo que era
Liverpool en ese entonces.
-Muchas gracias-dije apenas recibí los boletos, la señorita había
sido lo bastante amable y cordial conmigo y supongo que se debía a mi buena disposición
y la emoción que me daba ir a aquella gran ciudad.
Con los boletos en manos me decidí a dar un paseo por las
calles de Liverpool, más que paseo fue el camino que tome para ir con Mariel, tenía
que avisarle que los planes estaban
listos y que saldríamos en una semana. ¡Cuánta ilusión me hacia todo ello!
Pero como todo en la vida, sentí que las felicidad se iba de
mis manos cuando mis ojos me jugaban una mala broma, tanto, que inclusive casi perdí
el aliento.
-¿Te ha gustado?
-Es diferente a lo que me platicaste pero… es buen
lugar-dijo con su acento alemán, algo que jamás olvidaría de aquella chica.
-Ya casi llegamos a…-el chico me miro algo aturdido y yo
tampoco creí que estuviera frente a mí.
-¿Brittany?-Astrid me miro con sus ojos llenos de
tranquilidad y seguridad, cosa que no pasaba conmigo.
-Lo siento… creo que se te han caído esto-dijo un señor,
realmente era un joven mayor quien me dio aquellos boletos que habían logrado
resbalarse de mis manos.
-G…gracias, es usted muy amable-le brinde una sonrisa.
-No esperaba verte-dijo Stuart con voz llena de alegría, parecía
que le agradaba encontrarme.
-Yo…-les mire sin saber que decir, la chica tenia sujeta su
mano al chico, era verano de Liverpool, en efecto, apenas era mediados de
Julio.- Tengo que irme.
Esquive sus miradas e inclusive, sus mismos cuerpos.
¿Qué era lo que debía decirle? Todo me parecía tan tonto
e imprudente.
Me detuve a respirar
un poco, esperando a que el agrio momento pasara de mi mente. Sabía que en algún
momento tendría que volverme a encontrar con él, pero nunca pensé que serían
tan rápido y era por eso que me asustaba.
-Creo que necesitamos hablar-escuche su voz que me sobresalto
-Stuart… pero…
-Astrid aprovechara para dar una vuelta. Tu y yo tenemos un
pendiente, yo dirá que varios-vi una sonrisa en su boca, o tal vez era una
media sonrisa.
-Este no es el momento.
-¿Y cuándo lo seria? No respondiste mi última carta-me miro
inquisitivo.
-Te la envié... con John-dije apresuradamente- Y te envié
aquello que me pediste.
-¿John?-golpeo su cabeza- Cierto. Olvide que irían a
Hamburgo de nuevo, pero él sabía que vendría-me miro confundido.
-Pues no me lo dijo-dije a forma de reproche.
-Apenas lo vea le reclamare.-sonrió.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno-dejo una pausa que me pareció eterna- Astrid quería conocer
a mi familia y fue buen tiempo para venir.
-Supongo que querían ver a tu novia.
-Prometida-dijo a bocajarro y mirando atentamente mi expresión.
-¡oh! Felicidades…
-gracias.
-Pues… entonces, sería bueno que me fuera, tengo que irme y…
-Ni siquiera me has dejado invitarte un café o el almuerzo.
-Tal vez otro día-comente.
-Parto en 3 días ¿Podríamos vernos antes de eso?
-tengo que pensarlo, estoy algo ocupada y...
-Entiendo, toma-me extendió un papel y en el venia un
numero- Es el número del lugar donde nos estamos quedando.
-Bien.
-Si… entonces nos vemos-asentí- Fue un gusto verte de nuevo.
Sin siquiera poder reaccionar, el chico me dio un ligero
beso en la mejilla y camino hacia donde ahora estaba Astrid quien, tenía en sus
manos una orquídea que seguramente había comprado en la florería que estaba en
esa calle.
Ahora conocía el gran trecho que existían entre entablar una
conversación por medio de cartas y una cara a cara.
Definitivamente no era lo mío y no era el momento.
Ahora entendía mejor las palabras de John, cuando volviera a
verlo lo mataría, juro que lo matare.
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-¿Tienes todo listo? ¿Papeles? ¿Certificado del colegio?
-Sí, sí, si Marie-reí- Tranquilízate, lo prepare todo ayer.
-Eso es bueno. Recuerda que tenemos que hacer lo posible
para quedarnos en una universidad de allá.
-No pases por alto el examen…
-Claro que no Gray-dijo escandalizada- Afortunadamente
estudiamos ¿lo hiciste? ¿Verdad?-asentí- ¿Crees que nos vaya bien?
-Con tu positivismo, seguro si.-la chica murmuro un par de
palabras antisonantes para mí.
Las pequeñas maletas estaban sobre el coche que nos llevaría
hasta la estación de trenes, justo donde mis padres y la mamá de Mariel estaban citados para acompañarnos hasta que el
tren partiera, la situación era similar a la que vivimos la ir a Hamburgo solo
que esta ocasión seria como destino, nuestro destino, Londres.
Londres una ciudad grande, un monopolio con diferentes
costumbres e ideas que aquel pequeño Liverpool, eso parecía irónico ya que era
el mismo país.
Como fuese, creo que estaba hecha un manojo de nervios y no era la única, ya que Mariel también
lo estaba. Durante nuestra estancia nos hospedaríamos en un hotel cercano a la
universidad, afortunadamente tenían buenos preciosos y parecía un lugar
decente.
Mientras el taxi que nos haba acogido desde la estación de
trenes al hotel y del hotel a la universidad, que era hacia dónde íbamos,
pudimos ver a los jóvenes que circundaban
cercas de aquellos edificios. Eran tan distintos en todos los sentidos que, estaba
casi boquiabierta.
Hasta la ropa era distinta, chicas con blusas reveladoras y minúsculas
faldas, pero por poro lado también existían los hombres y mujeres que tenían glamour
y caminaban tranquilamente por las calles londinenses. Sin duda era el lugar de
la revolución de ideas y de una mente mas abierta.
-Es aquí, señoritas-dijo el hombre que conducía el taxi.
-Muchas gracias-le di el pago por su servicio.
-Disfruten su estancia.
Cuando bajamos del auto, creo que comencé a temblar y no a causa
de los fríos vientos que daba el clima, no, si no por la mezcla de emociones
que tenía en el momento.
Al llegar al edificio y oficina de información, donde
previamente concertamos una cita por teléfono, nos pasaron a una sala de espera
donde, después de unos minutos hicieron pasar a cada una a diferentes habitaciones.
-Buenos días señorita-leyó el papel en su mano-Gray. Tome
asiento.
-Gracias-era un viejo gordo y con mala cara.
-¿Por qué escogió
esta universidad y no una de
Liverpool? Tengo entendido que es de ahí de donde usted viene.
-Efectivamente pero, antes que nada quiero aclarar que yo
soy de Londres, pero por diferentes motivos nos vimos en la necesidad de mudamos a Liverpool-tome
aire- Londres es un sueño para muchos, incluso para mí y el poder estudiar en
esta ciudad y esta universidad es motivo de orgullo. Sé que esta institución me
forjara aptitudes y cualidades adecuadas para afrontar el mundo real, además de
que, sé que esta ciudad puede ofrecerme
un poco más de lo que en Liverpool pueda pasar.
Vi como aquel hombre sonreía ¿Era eso un buen signo?
No lo sabía y por eso me inquietaba. Pero en fin, pasaron un par de preguntas más y con un
limitado “la espero mañana a temprana hora”
se despido de mí.
Salí de la sala y note que Mariel ya estaba a mi espera, la
chica poseía una sonrisa de satisfacción que no podía con ella sola.
-¿Qué paso? ¿Qué te dijo?
-Que mañana pasara a… -mire un papel que me había entregado-
La aula 129 edifico D.
-¡eso es magnífico!
-¿Lo es?
-Claro, has pasado la entrevista ahora solo falta conseguir
un buen puntaje.
-Eso espero, deseo tanto estar aquí-mire el lugar.
-Yo también
.
Al día siguiente estábamos al mismo lugar y a la hora acordada
para el examen, nuevamente fuimos separadas y terminado el examen, continuamos
con las ansias que se verían terminadas el día que enviaran los resultados y
seria por medio del correo.
Pero, algo me decía que tenía que estar ahí y que estaba en
mi destino, era una corazonada y quería que así fuera ¿Qué podría salir mal?
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Los días pasaron lentos, simplemente
eran una tortura, parecía que se empeñaba en hacerme sufrir de la angustia,
pero afortunadamente y sin remedio, día tan
inesperado llego y con ellos el rumbo de mi destino.
Mariel había hablado conmigo para
informarme que también ella había recibido la correspondencia y fue por ello
que acordarnos de vernos en un lugar para ver los dichosos resultados de los cuales
pendían, de cierta manera, nuestro futuro.
Camines hasta el Casbah club, si,
lugar donde aún trabaja y donde Mariel me esperaría para saber que tal nos había
ido y si habíamos tenido éxito en Londres.
Al entrar pude ver un par de
clientes por ahí y a lo lejos y un tanto apartada, estaba Mariel quien tenía su
sobre en mano y su cara denotaba nerviosismo puro y seguramente yo estaba igual
que ella.
-Por fin llegaste-dijo apenas me
vio.
-Perdón, mis padres, el camino es
un tanto largo…
-Deja de hablar y siéntate-dijo en
una sonrisa.
-Buenos días querida-me miro la
Sra. Best quien se acercó a donde estamos nosotras- ¿Qué las trae por aquí?
-Venimos a despejarnos un raro-dije
con una sonrisa fingida.
-Eso es bueno ¿les ofrezco algo?
-agua para las dos estaría bien.
-Como ustedes gusten y suerte-salió
del lugar dejándonos a Mariel y a mi solas y con el alma colgando de un hilo.
-¿Y si la respuesta es no? ¿Qué haremos?
-No lo sé, pero encontraremos
algo.
-Tengo miedo de que todo esto haya
sido en vano.
-No lo será y deja de ser una histérica-puse
una mano en su hombro- ¿Te parece si lo abrimos de una buena vez y dejamos esta
paranoia?
-Bien, pero al mismo tiempo
-¿Cuenta regresiva?-dije en forma
burlona.
-Si eso es lo que quieres.
Esperamos a que la Sra. Best
trajera el agua y cuando lo hizo nos miramos con intensidad.
Como si una cuenta regresiva nos
comunicara, lo abrimos con rapidez.
La carta tenía un saludo cordial
que pase por alto y me dirigí a lo que realmente me importaba. Mire a Mariel y
ella me miro a mi sin expresión alguna.
-Brit…
-¿Mariel?-ambas sonreímos de oreja
a oreja.
-¡iremos a Londres!- Gritamos a
unisonoro.
Al parecer la suerte estaba de
nuestro lado.
Una tapa se abría ante nuestros
ojos y Londres era la expectativa más alta.
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¡HOLA!